lunes, 3 de marzo de 2014

SOBRE LA DEPRESION EN LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS

He tenido que esperar algunas semanas para cavilar sobre este tema, doloroso siempre, de la depresión en niñas, niños y adolescentes y el dramático colofón del suicidio, porque quise ver las reacciones del imaginario social ante una situación trágica que nos compete a todos, gobierno y sociedad civil.

La depresión infantil no es un tema novedoso y si alguien se rasga las vestiduras solo estará mostrando su ignorancia.

La salud mental es un tema del derecho tanto en los adultos como en los infantes, solo que estos últimos están es desventaja ya que no tienen las herramientas adecuadas para resolverlo, dependiendo en todo momento de sus adultos amorosos.

El paradigma jurídico Interés superior del niño guiará entonces la reflexión que nos permita entender cómo es que las niñas y los niños viven en depresión.

Recientemente, en los últimos cuatro meses del año pasado ofrecí cerca de diez conferencias sobre este tema y al comienzo les decía a los asistentes que la única forma de entender este tema de una forma integral era expandiendo nuestra perspectiva. Propuse entonces forjar el tema desde una visión antropológica, social, política, económica, psicológica y médica.

Al final, en la recapitulación vimos como la depresión en el adulto es un estado de conmoción anímico, afectivo y mental, producto del continuo rechazo al que se ve sometido, que lleva a la persona a vivir en un continuo estado de angustia, que en el intento de darle gusto a los demás -seres amados- se olvida de sí misma a grado de ofrendarse para el otro. Que muy a menudo cree que no lo ha logrado sintiéndose además fracasada, y empecinada en lograr el amor del otro a como dé lugar.

Pero, ¿cómo entender este proceso en el niño y el adolescente?

La depresión en el adulto implica llevar las exigencias de un imperativo social inhartable y cruento en representación mental, en esencia, como un eidos en la conciencia. Esta arrogación requirió de un constante y sistemático maltrato asociado a un proceso evolutivo normal del pensamiento, pasando por el pensamiento mágico, concreto y abstracto, donde este último determina la habilidad para la representación mental.

Sin embargo, el niño o el adolescente aún no es capaz de llevar todo ese aparato exigente y punitivo en su conciencia.

Creo que lo dramático en todo caso está en esta última parte de la reflexión, ya que si el niño y el adolescente no los lleva en representación mental, los tiene irremediablemente en presencia y esto nos deja en el fenómeno de  la represión.

La represión es entonces a los niños y los adolescentes, lo que la depresión es para los adultos. Dicho de otra manera: al niño lo reprimen y el adulto (aniñado) se reprime el mismo con los mandatos de su eidos.

Toda incongruencia en la relación familiar es violencia, es represión y clínicamente se manifiesta con conductas inadecuadas para el marco moral y ético de la familia. La niña o el niño o el adolescente rompen con las expectativas de sus padres, de su familia y de su sociedad.

Las niñas y niños con gastritis, colitis, faringitis y bronquitis, crónicas; alopecia, obesidad y otros trastornos clínicos; las niñas y niños con bajo rendimiento escolar y conductas inadecuadas en el entorno escolar podrían estar viviendo en represión.

Si entonces lo que está viviendo la niña o el niño o el adolescente es represión, aquí los únicos que requieren de  atención clínica psicoterapéutica son los padres, que dicho sea de paso están seguramente deprimidos.



Alfonso Flores. Derechos reservados. 2014.

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