A
la luz de sucesos tan lamentables que lastiman a la sociedad sensible nayarita,
no nos queda más que asumir, lejos de una actitud punitiva, un talante
profundamente reflexivo.
La
pregunta en esta ocasión es ¿qué lleva a un adolescente a asesinar a sus padres
o abuelos?, recordando que estos incidentes son más frecuentes de lo que nos
imaginamos, pasando incluso por casos emblemáticos.
En
principio tenemos que establecer qué es la represión, luego qué es adolescencia
y, finalmente qué es el hecho irreflexivo de la agresión.
La
represión es toda actitud incongruente que se da en el hogar, sea entre los
mismos padres y luego, de los padres hacia las niñas, los niños y los adolescentes.
El
ejercicio represivo de los padres o tutores puede ser el mismo a lo largo de la
vida del lactante, del infante, del niño o del adolescente. Lo que es diferente
es el cómo la recibe el individuo, en cada una de estas etapas. Como quiera que
sea, lo asumen en un total estado de indefensión que los lleva a vivir en un
profundo resentimiento que no se resuelve evidentemente.
El
infante, el niño y el adolescente intenta elaborar mentalmente y de la mejor manera
posible esta incongruencia -ya que se supone amado-, a través de diversas
manifestaciones psicofísicas -enfermedades y otras actitudes-.
Por
otra parte, la adolescencia es un proceso de adecuación psicofísica. Física
porque tiene que adaptarse a los cambios puberales. Mental porque si hemos dicho
en repetidas ocasiones que la incongruencia es violencia, éste, tiene que resolver
estas incoherencias parentales en un largo proceso, crítico para ellos y sus
propios padres. Arminda Aberastury ya
lo decía hace más de veinte años. La adolescencia termina por allá de los
veinticinco años. Hoy ante la globalidad, se ha corrido hasta cerca de los
treinta y tres años. En todo caso, como plantea Peter Blos, la adolescencia termina por criterios que incluyen la
total autonomía de los chicos de sus padres, y así podríamos tener adultos con
afectividades adolescentes -dramático por cierto-.
Un
niño o un adolescente resentido, siempre estará expuesto a la manipulación de
sus mismos padres, de sus maestros, de sus entrenadores, y de toda la sociedad
en su conjunto. Baste presionar lo suficiente para que este adolescente, en un
momento donde coincidan todos los elementos de una vivencia originaría cruenta,
se conecte irreflexivamente y reaccione liberando la tensión de ese
resentimiento, de esa vieja y sistemática agresión. El problema es que
físicamente ya no es un infante.
Luis Feder, ya lo decía en la Colección Diez para el Maestro, textos
editados por el SNTE hace ya muchos años. Los
no deseados en casa serán los no deseados en la escuela y en la sociedad.
Urge
entonces una actitud colectiva de reflexión. Actitudes punitivas generarán más
violencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario