jueves, 20 de marzo de 2014

LA IMPORTANCIA DE UNA TEORÍA CRITICA DEL CONOCIMIENTO EN LAS CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES


La práctica profesional en los ámbitos de las ciencias humanas y sociales pasa aún por una prolongada crisis de carácter epistemológico. En la psicología, en la pedagogía, en la antropología, en la sociología entre muchas otras, aún se rigen por el planteamiento que Auguste Comte había hecho para darle un especial orden a la investigación científica en las ciencias naturales: la visión positivista de la ciencia.

Interventores y científicos en las ciencias mencionadas se han afanado en una extraña ingenuidad por saber, pero siempre desde esta ventana epistemológica positivista, dicho sea de paso, creyéndola única opción para llegar a la verdad. La relación sujeto cognoscente-objeto de conocimiento en este tenor, ha sido terriblemente vapuleada.

El positivismo llegó a México, por necesidad, en las épocas del Porfiriato, como una manera de romper con los cinchos religiosos que aún controlaban los espacios del conocimiento. Cumplió su función; las ciencias se beneficiaron pero nunca evolucionaron en las ciencias humanas y sociales, a una ciencia que apreciara los elementos subjetivos sin sacrificar la condición veritativa. Menudo problema ya que esto ha afectado tanto la total comprensión de su objeto de estudio, la intervención misma en cada ciencia y sus maneras de cotejar su eficiencia.

La relación epistemológica pasa entonces su primera gran prueba en el problema de la posibilidad del conocimiento. En principio, el sujeto cognoscente ha sido brutalmente anulado para dar paso a prácticas dogmáticas no necesariamente religiosas, que muestran la incapacidad de llevar a la reflexión al sujeto cognoscente. Luego, por una anulación del objeto de conocimiento, al no ser variado el horizonte axiológico de los sujetos cognoscentes, todo ello en medio de una grosera ingenuidad crítica.

La segunda gran prueba en la relación epistémica se centra en el problema de la esencia del conocimiento. Si queremos que el sujeto cognoscente se haga de las cualidades del objeto de conocimiento, tenemos que dejar de lado los intentos de medición y control de la actividad fáctica, de la interpretación, de la explicación, para dar paso a una actividad reflexiva sobre sí mismo, mediante métodos que permitan el develamiento de los modos y su constitución en la conciencia. Estos métodos asegurarán la conmoción de los confines de la conciencia del sujeto cognoscente, única posibilidad del aprendizaje.

Efectivamente si ya se empezó a dar cuenta, estamos en el núcleo del fracaso de las ciencias que insisten en hacer del positivismo la única opción epistemológica, llevándolas a un sinsentido, ignorando al humano, su subjetividad y sus aspectos más sentidos. La educación en todos sus niveles y en todos sus ámbitos, la psicología y sus diferentes ramales, la antropología en sus diferentes áreas y la sociología, pasan por esta vieja crisis, que por cierto se enseña puntualmente en todas las universidades públicas y privadas del país.

Que el ciudadano viva en la plenitud y en la armonía pasa por la forja de una sociedad equitativa y respetuosa. Hacerlo implica una metódica y permanente tarea de llevar a los pueblos a la reflexión de sí en la relación con los demás. No es el positivismo en las ciencias, sino las nuevas vertientes epistemológicas -que llevan cien años en Europa- las que permitirán el acceso a una nueva manera de hacer ciencia. El positivismo solo ha favorecido el control de los poderosos -estatales y fácticos- sobre los pueblos en desventaja.



Alfonso Flores Hernández. Derechos reservados. 2014.

lunes, 17 de marzo de 2014

LA PSICOTERAPIA EXISTENCIAL

La psicoterapia existencial es un ejercicio dialogal que tiene como objetivo reflexionar sobre nuestros modos de vida en la relación con los demás en principio y luego, en el descubrir la forma en que se constituyó esa manera de vida en la conciencia.

La psicoterapia existencial la lleva a cabo un facilitador entrenado para escuchar socráticamente, con una formación académica de postgrado preferentemente, que guiará al usuario en su reflexión.

La psicoterapia existencial, incluye una perspectiva de corte filosófico existencial que plantea al humano, a todos, en la total capacidad de vivir en plenitud, en una vida auténtica en una relación respetuosa consigo mismo y con los demás.

En la psicoterapia existencial el usuario viene a plantearse en carácter de yo, en primera persona del singular. Solo él está en cuestión. Viene a hacerse responsable de sí mismo en la relación con los demás.

El usuario viene a esta exploración de sus modos usando como marco sus propios valores. Por eso, en esta psicoterapia no se enjuicia ni se aconseja.

El principal tema a tratar en la psicoterapia existencial es el de su angustia en su cotidianidad, y por supuesto en todas sus formas y matices. Cada persona vive de manera muy diferente su angustia.

En la psicoterapia existencial se usa como base epistemológica el método fenomenológico. Qué quiero decir con esto. Son dos aspectos. El primero que tiene que ver con el considerar al usuario como capaz de reflexionar sobre sí mismo; el segundo. que trabaja directamente con los elementos de la conciencia -pensante-, lo que garantiza el darse cuenta y el cambio consecuente.

En la psicoterapia existencial no se aplican o interpretan test. El uso de ellos en la intervención dialogal existencial es nulo. Solo lo usan quienes se sienten incapaces de hacer un diagnóstico basado en sus conocimientos sobre las diversas y serias teorías del desarrollo de la personalidad, por supuesto humanistas.

¿Quiénes vienen a la psicoterapia existencial? De entrada quienes quieren continuar su desarrollo humano a través del análisis existencial. Enseguida, quienes padecen algún trastorno mental, del ánimo o del afecto, conocidos como los trastornos de ansiedad, obsesivos, compulsivos, fóbicos, de pánico, somáticos, alimentarios, del sueño, adicciones y sobre todo, el de la depresión.

En la psicoterapia existencial se colabora con la medicina general y de especialidad.


La duración de los tratamientos o procesos terapéuticos varían y van de las doce a veinticuatro sesiones, excepto en adicciones que es de mayor duración. 

Dr. Alfonso Flores Hernández. D.R.
Instituto de Estudios para el Desarrollo del Ser.
Tepic, Nayarit, México.


lunes, 10 de marzo de 2014

LA REPRESION EN EL HOGAR, ANTESALA DE LA VIOLENCIA SOCIAL


A la luz de sucesos tan lamentables que lastiman a la sociedad sensible nayarita, no nos queda más que asumir, lejos de una actitud punitiva, un talante profundamente reflexivo.

La pregunta en esta ocasión es ¿qué lleva a un adolescente a asesinar a sus padres o abuelos?, recordando que estos incidentes son más frecuentes de lo que nos imaginamos, pasando incluso por casos emblemáticos.

En principio tenemos que establecer qué es la represión, luego qué es adolescencia y, finalmente qué es el hecho irreflexivo de la agresión.

La represión es toda actitud incongruente que se da en el hogar, sea entre los mismos padres y luego, de los padres hacia las niñas, los niños y los adolescentes.

El ejercicio represivo de los padres o tutores puede ser el mismo a lo largo de la vida del lactante, del infante, del niño o del adolescente. Lo que es diferente es el cómo la recibe el individuo, en cada una de estas etapas. Como quiera que sea, lo asumen en un total estado de indefensión que los lleva a vivir en un profundo resentimiento que no se resuelve evidentemente.

El infante, el niño y el adolescente intenta elaborar mentalmente y de la mejor manera posible esta incongruencia -ya que se supone amado-, a través de diversas manifestaciones psicofísicas -enfermedades y otras actitudes-.

Por otra parte, la adolescencia es un proceso de adecuación psicofísica. Física porque tiene que adaptarse a los cambios puberales. Mental porque si hemos dicho en repetidas ocasiones que la incongruencia es violencia, éste, tiene que resolver estas incoherencias parentales en un largo proceso, crítico para ellos y sus propios padres. Arminda Aberastury ya lo decía hace más de veinte años. La adolescencia termina por allá de los veinticinco años. Hoy ante la globalidad, se ha corrido hasta cerca de los treinta y tres años. En todo caso, como plantea Peter Blos, la adolescencia termina por criterios que incluyen la total autonomía de los chicos de sus padres, y así podríamos tener adultos con afectividades adolescentes -dramático por cierto-.

Un niño o un adolescente resentido, siempre estará expuesto a la manipulación de sus mismos padres, de sus maestros, de sus entrenadores, y de toda la sociedad en su conjunto. Baste presionar lo suficiente para que este adolescente, en un momento donde coincidan todos los elementos de una vivencia originaría cruenta, se conecte irreflexivamente y reaccione liberando la tensión de ese resentimiento, de esa vieja y sistemática agresión. El problema es que físicamente ya no es un infante.

Luis Feder, ya lo decía en la Colección Diez para el Maestro, textos editados por el SNTE hace ya muchos años. Los no deseados en casa serán los no deseados en la escuela y en la sociedad.


Urge entonces una actitud colectiva de reflexión. Actitudes punitivas generarán más violencia.




lunes, 3 de marzo de 2014

SOBRE LA DEPRESION EN LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS

He tenido que esperar algunas semanas para cavilar sobre este tema, doloroso siempre, de la depresión en niñas, niños y adolescentes y el dramático colofón del suicidio, porque quise ver las reacciones del imaginario social ante una situación trágica que nos compete a todos, gobierno y sociedad civil.

La depresión infantil no es un tema novedoso y si alguien se rasga las vestiduras solo estará mostrando su ignorancia.

La salud mental es un tema del derecho tanto en los adultos como en los infantes, solo que estos últimos están es desventaja ya que no tienen las herramientas adecuadas para resolverlo, dependiendo en todo momento de sus adultos amorosos.

El paradigma jurídico Interés superior del niño guiará entonces la reflexión que nos permita entender cómo es que las niñas y los niños viven en depresión.

Recientemente, en los últimos cuatro meses del año pasado ofrecí cerca de diez conferencias sobre este tema y al comienzo les decía a los asistentes que la única forma de entender este tema de una forma integral era expandiendo nuestra perspectiva. Propuse entonces forjar el tema desde una visión antropológica, social, política, económica, psicológica y médica.

Al final, en la recapitulación vimos como la depresión en el adulto es un estado de conmoción anímico, afectivo y mental, producto del continuo rechazo al que se ve sometido, que lleva a la persona a vivir en un continuo estado de angustia, que en el intento de darle gusto a los demás -seres amados- se olvida de sí misma a grado de ofrendarse para el otro. Que muy a menudo cree que no lo ha logrado sintiéndose además fracasada, y empecinada en lograr el amor del otro a como dé lugar.

Pero, ¿cómo entender este proceso en el niño y el adolescente?

La depresión en el adulto implica llevar las exigencias de un imperativo social inhartable y cruento en representación mental, en esencia, como un eidos en la conciencia. Esta arrogación requirió de un constante y sistemático maltrato asociado a un proceso evolutivo normal del pensamiento, pasando por el pensamiento mágico, concreto y abstracto, donde este último determina la habilidad para la representación mental.

Sin embargo, el niño o el adolescente aún no es capaz de llevar todo ese aparato exigente y punitivo en su conciencia.

Creo que lo dramático en todo caso está en esta última parte de la reflexión, ya que si el niño y el adolescente no los lleva en representación mental, los tiene irremediablemente en presencia y esto nos deja en el fenómeno de  la represión.

La represión es entonces a los niños y los adolescentes, lo que la depresión es para los adultos. Dicho de otra manera: al niño lo reprimen y el adulto (aniñado) se reprime el mismo con los mandatos de su eidos.

Toda incongruencia en la relación familiar es violencia, es represión y clínicamente se manifiesta con conductas inadecuadas para el marco moral y ético de la familia. La niña o el niño o el adolescente rompen con las expectativas de sus padres, de su familia y de su sociedad.

Las niñas y niños con gastritis, colitis, faringitis y bronquitis, crónicas; alopecia, obesidad y otros trastornos clínicos; las niñas y niños con bajo rendimiento escolar y conductas inadecuadas en el entorno escolar podrían estar viviendo en represión.

Si entonces lo que está viviendo la niña o el niño o el adolescente es represión, aquí los únicos que requieren de  atención clínica psicoterapéutica son los padres, que dicho sea de paso están seguramente deprimidos.



Alfonso Flores. Derechos reservados. 2014.