Primera
entrega
Una vez que nos acostumbramos a analizar
las situaciones sobre evidencia, nos damos cuenta que, condiciones
socioculturales que nosotros creíamos vivas y funcionales han muerto ya desde
hace tiempo.
El pensamiento de izquierda que
aprendimos de niños y jóvenes a partir del movimiento mundial del 68, del que
nos apasionamos la mayoría, está totalmente caduco.
Pronto tendremos que decidir si la
evidencia de los cincuenta y tres millones de pobres, y once millones en
extrema pobreza en México requiere entonces o, de felicitarnos porque esto
justifica la existencia de la vieja izquierda mexicana o, por el contrario,
verlo desde una nueva perspectiva, el fracaso rotundo de la misma.
Si queremos que disminuya la pobreza,
tendrá que pasar por la construcción de una nueva visión de izquierda que pase
por supuesto por una reconfiguración filosófica, epistemológica y antropológica
que permita el surgimiento de un nuevo modelo político, económico, social y cultural,
de acuerdo a nuestra idiosincrasia, que facilite el surgimiento de la persona
humana, sin ninguna atadura dogmática.
Pero qué es la izquierda en el sentido
político y social.
Para entender el término de izquierda
tenemos que remontarnos al nacimiento de la Asamblea Nacional Constituyente
surgida de la Revolución Francesa que pugnó por el poder de la soberanía
nacional sobre los intereses de unos cuantos, basada en un cambio político y
social, si las condiciones de vida eran insalubres para el desarrollo armónico
de los pueblos.
El pensamiento de izquierda es entonces
una actitud ciudadana ante los vaivenes de la vida social y cultural cotidiana,
poniendo siempre por encima, la otrora soberanía nacional, hoy, desarrollo
integral humano de los pueblos.
La nueva filosofía de la izquierda
mexicana tendrá que hacerse de un conjunto de premisas para llevar a los
pueblos de México a vivir todo el espectro de garantías que la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos ofrece a los mexicanos, que le permita
además una convivencia sana con el exterior sin exponer la seguridad nacional,
en los ámbitos político, económico, social y cultural.
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