Recién he visto un vídeo donde una docente de
educación preescolar le habla a un infante con un alto volumen de voz y que manoteando, le dice: ¡anímate!
Una vez entrevistada telefónicamente, la docente
plantea que ella intenta hacer reaccionar al infante, ya que tiene ocho meses
en apatía. Dice además que ambos han llegado a un punto de quiebre. Ella dice
que él se encuentra en un letargo existencial.
Conmovedora frase si ésta se refiere a la vida
escolar de un infante. En principio por que el letargo es un estado de cansancio
o adormecimiento; y, existencial, porque está puesta en duda su existencia, su
condición de ser-en-su-mundo.
Desde la psicopedagogía existencial, se espera que
el infante llegue motivado al aula, producto esto de una vida en familia por
supuesto en armonía, construida esta última por sus adultos amorosos. Toda
manifestación de inadaptación del infante en el aula está determinada por esta
cotidianidad familiar.
Desde esta misma perspectiva, se espera la participación
de un docente no solo preparado y capaz de realizar su tarea como constructor
del momento del conocimiento, sino que además, sea adecuado afectivamente para
ello.
Es por eso que a un infante preescolar no se le
puede pedir que salga de su letargo. En todo caso ésta condición psicofísica nos
permite leerla como la perturbación
generadora de la reflexión, sobre lo qué está pasando con los actores tanto
familiares como docentes. El quiebre está en todo caso tanto en el personal
docente como en la familia del infante, y es con ellos con quien la
psicopedagogía requiere trabajar.
La visión existencial ve al infante y al niño como
sujetos en crecimiento, con todo el poder de asumir poco a poco las
responsabilidades que le sea posible de acuerdo a su desarrollo psicofísico,
para que algún día pueda vivir de manera sana y bien adaptada en la sociedad.
La Convención de los Derechos del Niño y la misma
Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes nos
hablan de dos derechos fundamentales: El derecho a una crianza y una educación
en armonía.
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